sábado, 22 de noviembre de 2008

Lo que queda del dia

La hora dorada en realidad no es una hora, es un instante que se escurre en los dedos del fotografo.

Llegue con el tiempo justo, muy justo, pero el sol era perfecto. Tiempo de bajar, colocar el tripode, ajustar la cámara y el sol desaparecer. Aquella magia se había escapado.












Quería captar los últimos instantes de luz. El dorado del sol reflejado en las hojas. Pero al esconderse el sol, el resultado es frio, muy frio. La imagen capturada sin ningún ajuste, no ofrece ningun interés.















En Lightroom despues de ajustar ligeramente la exposición (+0.55), apenas mejoraba. No era un problema de exposición, sino de color. Para ello nada mejor que ajustar la temperatura de color. Un aumento extremo por encima de los 10.000 K, cambia completamente la imagen. Es el único ajuste realizado.














Como puede verse, el antes y el después parece corresponder a dos imágenes tomadas en tiempos totalmente diferentes. La única diferencia es un ligero aumento de la exposición y un aumento mas extremo de la temperatura. Una foto que se ha salvado.